Señor Cebrián, seamos serios

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Señor Cebrián, le quiero pedir un favor: seamos serios. En mi época de estudiante de periodismo, incluso mucho antes, leí un libro suyo «Crónicas de mi país», para mí fué un libro de cabecera durante muchos años. El surgimiento de EL PAIS, fue una bocanada de aire fresco en aquellos años de escasa libertad.

Usted era un referente para muchos «futuros» periodistas que veíamos en ese momento, un momento de libertad, de expresión.

Usted es un canalla, denúncieme, me da igual, el daño ya lo viene haciendo, a mí y a esta profesión desde hace muchos años. Desde que usted perdió la dignidad, desde que se vendió a los poderes fácticos, esos mismos que usted denunciaba hace años. Usted ha traicionado al periodismo, usted ha traicionado la libertad, usted ha traicionado la libertad de expresión, usted me ha traicionado a mí. No es digno de llamarse periodista. Me rió, por no llorar, de usted; de usted y sus acólitos que han llevado la famosa frase de Groucho Marx a lo más alto: «estos son mis principios, si no le gustan tengo otros».

Que usted esté en Panamá o no, me resulta indiferente, como persona y periodista, hace años que perdió mi respeto. Soy fotoperiodista y me he retirado, ahora trabajo en otros sectores de la fotografía. Eso lo debo a usted y a gentuza de su porte. Sus millones no me dan miedo, su cohorte de memos no me dan miedo, su lenguaraz inteligencia está a la altura del libro de Belén Esteban, no me da miedo, por que duermo tranquilo, porque lo mio es mio, porque amo esta profesión, no como usted, que continuamente la viola para enriquecerse.

Hay una gran generación de fotoperiodistas que llevan, ese estandarte que usted trato de rendir, a lo más alto. Samu Aranda, Manu Bravo, Morenatti, Armestre, y yo JON EZTALA, y otros muchos, Borja Puig, Angel Troter, Dani Duch, Augusto Aparicio, y un elenco de buena gente y buenos periodistas que lucharemos para que usted no gane.

Le he de agradecer una cosa: me ha enseñado un camino que no he de seguir… El de la dignidad prostituida.

Posdata: Una sincera disculpa. La de todas aquellas personas que trabajan en esta profesión que no he nombrado, y un abrazo para mis queridos cántabros, Kim, Román, Fernando, Rubén, etc, etc.

¡¡Viva el periodismo!!